Al volver a casa, la piel de su pecho comenzó a abrirse y llenarse de pus. El motivo me dejó boquiabierta

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Tener tatuajes es algo que se ha hecho muy común. Cada vez hay más gente a quien le gusta este tipo de arte y decide hacerse uno en el cuerpo. Pero como son permanentes, si algo sale mal o ya no nos gustan nos enfrentamos a un grave problema: removerlos es un proceso mucho más doloroso que el de hacérselos. Pasuda Reaw lo vivió en carne propia. La chica de 21 años del norte de Tailandia tenía un gigantesco tatuaje con rosas en su pecho y, aunque al momento de hacerlo pensó que era hermoso y una muy buena idea, al poco tiempo se arrepintió. Según su propia opinión, quería removerlo porque se veía poco profesional. Pero jamás pensó la tortura que esto significaría.

Para eliminar un tatuaje lo más normal es hacerlo con láser. Este procedimiento es muy caro y doloroso, requiere de muchas sesiones y al menos un año de trabajo. Así que Pasuda decidió tomar otra opción: la técnica Rejuvi. Este método no es nuevo, pero es menos conocido que el láser. Consiste en “tatuar” el tatuaje con un pigmento que, en unas semanas, lleva la tinta hacia la superficie y la elimina en forma de costra. Quienes lo hacen dicen que es mucho menos doloroso y, a la vez, más rápido que el método con láser. 

No había cómo equivocarse, pensó Pasuda, así que tomó la alternativa de Rejuvi. Pero se arrepentiría por siempre. 

 

Se hizo el tratamiento el día 4 de febrero, pero al volver a casa le fue imposible conciliar el sueño: el dolor era insoportable. Lloró durante toda esa noche, la siguiente y muchas más. Durante el proceso, su piel empezó a tomar extrañas formas y colores. El tatuaje se estaba saliendo, sí, pero con horribles consecuencias y efectos secundarios.

La herida de su pecho estaba completamente abierta y a carne viva. De ella salía sangre y pus. El día 2 de marzo, es decir, un mes después de empezar el tratamiento, pudo sacar el tatuaje por completo. Pero en vez de él, una gigantesca cicatriz se levantó en su lugar. 

“Lo que quedó ahora es peor que lo que había antes. No recomiendo este tratamiento porque duele muchísimo y toma un largo tiempo. El láser es caro, pero desearía haber hecho eso. En ocasiones, el dolor de la picazón y la cicatriz eran insoportables”, cuenta la angustiada Pasuda.

Han pasado 2 meses desde que comenzó el proceso de remover el tatuaje, y Pasuda aún tiene una gigantesca cicatriz en su pecho. Lejos de ser mejor, ha sido la peor decisión que ha tomado en su vida. “Compartí fotos como una advertencia a los demás de ser cautelosos con lo que hacen”, advierte la chica. 

Así que ya sabemos, cuando queramos tomar una decisión radical, debemos pensarlo más que dos veces para estar seguros de que estamos haciendo lo correcto. ¡Que a nadie le pase lo que a esta pobre chica!

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